Corría el año 2002 cuando el conjunto italiano salió en busca de un refuerzo de categoría. El apuntado fue Ricardo Quaresma, una de las más importantes promesas del fútbol portugués que ya asomaba su talento con apenas 19 años.

Dirigentes de la Juve viajaron a Lisboa para estudiar al volante, pero al llegar se encontraron con la sorpresa de que el futbolista en cuestión ocupaba un lugar en el banco y que en su puesto estaba un tal Cristiano Ronaldo, de tan sólo 17 años. “Llamé a Turín y señalé que sería el mejor jugador del mundo, obviamente después de Maradona”, reveló Gianni Di Marzio, directivo de Juventus.

Impresionados por el nivel del joven jugador, la Vecchia Signrora acercó una oferta de dinero más el pase de Marcelo Salas, por aquel entonces jugador del plantel. Ya había acuerdo entre las partes, pero el chileno no quiso saber nada con cambiar de club. “Negocié, llevé a Cristiano a Turín en 2002 para firmar con Juventus, pero Salas no aceptó el trueque”, contó Di Marzio.

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